Carlos tenía 23 años y era esa persona que nunca quería incomodar. Hacía meses que se sentía atrapado no porque le pasara algo concreto, sino porque todo lo que antes le gustaba o le motivaba ahora le parecía ajeno. Dejó de tocar guitarra, evitaba contestar mensajes y hasta la comida que siempre pedía en su restaurante favorito ya no le sabía igual. Todas las mañanas se levantaba y lo primero que veía era su reflejo con ojeras gigantes y hombros caídos. Sus días libres, que antes eran para andar en bicicleta o salir con amigos, se convirtieron en jornadas eternas encerrado en su cuarto, viendo series que no recordaba después.
Cuando alguien le preguntaba “¿estás bien?” Carlos sonreía y respondía “todo bien, solo cansado”. Lo decía tan convincente que pocos sospechaban que en realidad sentía un peso invisible que no lo dejaba respirar.

Una tarde, casi como accidente, escribió notas para despedirse. Decía que no quería seguir siendo una carga para nadie. Intentó dormir, pero esa frase retumbó en su mente: ”ya no quiero estar más aquí”. Por suerte, un amigo había leído sobre los cambios y los signos de alerta de suicidio y lo visitó. Esa visita impidió el momento más devastador. Carlos fue hospitalizado, recibió ayuda profesional y después de un largo proceso comenzó a cambiar su visión sobre la vida.
El suicidio sigue siendo una grave preocupación global. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 720,000 personas mueren por suicidio cada año, y se calcula que entre los jóvenes de 15 a 29 años, es la tercera causa principal de muerte a nivel mundial.
Las señales de alerta clave a las que hay que prestar atención incluyen expresiones de desesperanza, sentirse atrapado, hablar de ser una carga para otros, aislamiento social extremo, cambios abruptos en hábitos de sueño o alimentación y comportamientos de riesgo como usar más alcohol o drogas.
Un informe de la Clínica Mayo expone que si llegas a sospechar que un amigo adolescente piensa en suicidarse:
- Pregúntale directamente cómo se siente, escucha sin juzgar y tómalo en serio.
- Si persiste la preocupación, habla con un adulto de confianza.
- Ofrécele apoyo animándolo a buscar ayuda profesional.
- Acompáñalo a citas, ayúdale a encontrar tratamiento y elimina objetos peligrosos de su alcance.
- Sé comprensivo, evita minimizar sus sentimientos o criticarlo, recuérdale que las cosas pueden mejorar.
- No prometas guardar en secreto sus intenciones si su vida está en riesgo. Evita que consuma alcohol o drogas y fomenta que hable abiertamente contigo.
Carlos sobrevivió, en buena parte, porque alguien no lo dejó solo. Esa misma conciencia comunitaria es el corazón de la Estatua de la Vida, una iniciativa de la Fundación FUDEHU cuya escultura monumental en Quimbaya, Colombia, va a latir como símbolo de esperanza. Es una obra que invita a todos a donar tiempo, dinero o compromiso para respaldar la vida como valor supremo.

Te invitamos a formar parte porque, a veces, tender la mano, escuchar sin juzgar o saber cómo reaccionar cuando vemos que alguien quiere acabar con su vida, puede marcar la diferencia. Únete a la Estatua de la Vida, deja tu huella y ayudemos a que nunca más alguien como Carlos tenga que llegar tan lejos para recibir ayuda.
Bibliografía
World Health Organization: WHO. (2025, 25 marzo). Suicide. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/suicide
Suicidio: Qué hacer cuando alguien está pensando en suicidarse. (s. f.). Mayo Clinic. https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/suicide/in-depth/suicide/art-20044707
STATUE OF LIFE – World iconic Statue of Life in Quimbaya, Quindío, Colombia. (s. f.). https://www.statueoflife.com/



