¿Cómo se manifiesta el estrés y la ansiedad en los niños?

Laura es una madre dedicada cuyo hijo de 7 años, Mateo, comenzó a tener problemas para ir al colegio. Al principio, eran simples quejas de dolor de estómago todas las mañanas. Los médicos no encontraban nada físico, pero las náuseas desaparecían mágicamente los fines de semana. Laura notó algo más: Mateo antes era un niño alegre y juguetón, y ahora estaba casi todo el tiempo irritable, retraído, se enfadaba fácilmente y se negaba a dormir solo. Estos síntomas son señales ocultas de una profunda ansiedad.

¿Qué es la ansiedad en niños?

Es normal que los niños sientan miedo. El miedo es una reacción natural a un peligro o amenaza, mientras que la ansiedad es una reacción a una amenaza posible. De hecho, hasta 1 de cada 5 niños podría desarrollar lo que los profesionales consideran un trastorno de ansiedad. ¿Cuándo deja de ser normal? Cuando las preocupaciones o miedos interfieren con su vida diaria durante más de seis meses, o cuando las reacciones emocionales son muy grandes y prolongadas. 

Las señales de malestar interno muchas veces se manifiestan en el cuerpo o en el comportamiento porque el niño aún no sabe cómo ponerles palabras. Los niños pueden mostrar: 

  1. Síntomas físicos: Se quejan de malestar físico constantino como dolores de cabeza, dolores musculares, náuseas o problemas estomacales. También pueden experimentar temblores, dificultad para respirar, o una sensación de opresión en el pecho. 
  2. Cambios conductuales y emocionales: Pueden estallar en llantos o rabietas desproporcionadas ante una frustración leve. A veces se vuelven retraídos, apáticos o tienen problemas para concentrarse, y pueden tener alteraciones en el sueño o en la alimentación (pérdida o aumento repentino del apetito).

La ansiedad y el estrés en cada etapa

Para detectar el problema a tiempo, es crucial saber que el estrés se manifiesta de forma diferente a medida que el niño crece. Según la UNICEF, las reacciones al estrés varían con la edad: 

  • De 0 a 3 años: Las señales suelen ser un aumento de la irritabilidad o hiperactividad, la necesidad intensa de estar cerca de los cuidadores, o una regresión en el comportamiento (por ejemplo, volver a mojar la cama).
  • Entre 4 y 6 años: Además de los cambios en el sueño y el apetito, podemos ver dificultades para concentrarse, pérdida de interés por el juego, mutismo o un aumento notable de la ansiedad.
  • Entre 7 y 12 años: El estrés y la ansiedad a menudo se traducen en retraimiento, preocupaciones por otras personas, agresividad o síntomas físicos/psicosomáticos. Es posible que tengan problemas de memoria y concentración.
  • Entre 13 y 17 años: Las señales pueden ser más intensas, incluyendo tristeza profunda, sensación de desesperanza, mayor asunción de riesgos, agresividad o, en casos preocupantes, comportamiento autodestructivo.

¿Por qué se produce la ansiedad?

Las causas pueden ser varias. Algunos niños tienen la tendencia biológica o familiar a ser ansiosos. Sin embargo, la ansiedad se desarrolla a menudo después de eventos vitales estresantes: los cambios familiares importantes (un divorcio o una mudanza), inestabilidad en el hogar, la falta de comunicación clara o experiencias traumáticas como el bullying. 

Cómo manejar y acompañar la ansiedad infantil

  1. Crear un entorno seguro y de expresión: Lo primero es crear un espacio seguro donde el niño pueda hablar sin miedo a ser regañado o juzgado. Pregúntale cómo se siente y valida sus emociones, incluso si no te parecen razonables. Si tu hijo no puede verbalizar, anímalo a dibujar o pintar, y pídele que te explique su obra.
  2. Fomentar hábitos saludables: Un ambiente seguro y de apoyo en casa y en la escuela es vital. Asegúrate de que el niño tenga ejercicio diario, una nutrición equilibrada y, sobre todo, una buena rutina del sueño.
  3. Enseñar técnicas de relajación: Puedes enseñarle ejercicios sencillos de respiración para calmar las reacciones del cuerpo. Por ejemplo, la respiración abdominal: el niño inhala por la nariz inflando el vientre como un globo y exhala lentamente por la boca. También puedes ayudarlo a imaginar un “refugio” mental, un lugar seguro y tranquilo al que puede recurrir cuando se sienta abrumado.
  4. Buscar ayuda profesional: Si los síntomas persisten o se intensifican, y ves que interfieren con su vida (como en el caso de Mateo que no podía ir a la escuela), es el momento de buscar a un psicólogo infantil. Los tratamientos más comunes incluyen la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), que enseña habilidades de afrontamiento paso a paso, y en algunos casos, la medicación. La TCC puede ser muy efectiva y los niños a menudo se sienten mejor y más seguros en pocas sesiones.

Recuerda: Si tu hijo muestra signos de ansiedad que no desaparecen o deja de hacer actividades que antes disfrutaba, buscar ayuda no es una debilidad, sino una muestra de responsabilidad y amor. El bienestar emocional de nuestros hijos es una tarea compartida.

Bibliografía

UNICEF. (s. f.-a). Cómo reconocer las señales de estrés en los niños y niñas. https://www.unicef.org/lac/crianza/seguridad-proteccion/como-reconocer-las-senales-de-estres-en-los-ninos

Aba_Admin. (2025, 26 junio). Cómo detectar problemas emocionales en niños. Abaterapia | Psicología Infantil y Juvenil En Tres Cantos. https://abaterapia.com/educacion/como-detectar-problemas-emocionales-en-ninos/

Anxiety in Children. (2025, 2 junio). Cleveland Clinic. https://my.clevelandclinic.org/health/diseases/anxiety-in-children