Alejandro, a sus 35 años, estaba en una racha de desmotivación que no entendía. Solía ser el primero en levantarse para correr y devoraba libros sobre su trabajo, pero últimamente, no le daban ganas ni de pararse del sofá. También hacía ejercicio todas las mañanas, pero ahora solo quería jugar su último videojuego que compró hace un mes. Al principio era placentero, una euforia rápida que se convertía en culpa y más pereza. “¿Qué me pasa?”, se preguntaba, sintiéndose cansado e infeliz. Alejandro no lo sabía, pero estaba experimentando el poder, y la trampa, de una pequeña molécula en su cerebro: la dopamina.
¿Qué es la dopamina y para qué sirve?
La dopamina es uno de los mensajeros químicos más importantes de nuestro cuerpo. Según el portal Cigna, la dopamina es una sustancia química cerebral, o neurotransmisor, cuya función principal es transportar señales entre las células nerviosas. Esta sustancia ayuda al cerebro a controlar funciones esenciales como el movimiento y, posiblemente, influye en nuestro estado de ánimo. Cuando Alejandro sentía ese subidón al comer algo dulce o ganar un nivel en el juego, era la dopamina activando su sistema de recompensa.

La importancia de buscar el placer (y el riesgo de la adicción)
La dopamina no solo está presente cuando ya estamos felices; también es el motor que nos impulsa a buscar esa felicidad. Según BBC News Mundo, la dopamina ha sido bautizada mundialmente como una de las “moléculas de la felicidad”, ya que nos proporciona placer y relajación. Además, esta molécula tiene una función motivacional clave, no solo premiando una actividad placentera después de realizarla, sino que se libera incluso antes para impulsarnos a buscar situaciones agradables y evitar las negativas. Esta búsqueda de placer puede determinar rasgos de nuestra personalidad, como el grado de extroversión o, en casos extremos, la predilección por “emociones fuertes”.
El problema, como descubrió Alejandro, es que la dopamina puede convertirnos en adictos, ya que nos impulsa a una búsqueda continua del placer. Ciertas actividades o sustancias (como las drogas, el dulce o la comida chatarra) liberan grandes cantidades de dopamina en el sistema de recompensa, lo que refuerza esa conducta y nos hace querer repetir la experiencia una y otra vez.
Síntomas de desequilibrio y enfermedades
La clave para que la dopamina funcione correctamente es el equilibrio. Un desbalance o escasez de esta sustancia puede causar disfunción cerebral y enfermedad. De acuerdo con Cleveland Clinic, si los niveles de dopamina están bajos, una persona puede sentirse cansada, desmotivada, infeliz, o experimentar problemas de concentración y pérdida de memoria. De hecho, la baja producción de dopamina ocasiona anhedonia (la incapacidad de sentir placer), que es un síntoma característico de la depresión. Un déficit extremo está relacionado con enfermedades como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y, notablemente, el Parkinson, donde la producción insuficiente interfiere con la transmisión de señales que controlan el movimiento, causando temblores y lentitud.
Por otro lado, un exceso de dopamina puede generar euforia y energía, pero también se asocia con problemas para dormir y un control de impulsos deficiente, y está relacionado con trastornos como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

Tratamientos y cómo recuperar el equilibrio
Para Alejandro, el tratamiento no siempre requiere medicación. Afortunadamente, hay formas de ayudar a su cuerpo a producir y usar la dopamina de manera saludable:
- Formas naturales: Se puede aumentar la dopamina naturalmente consumiendo una dieta rica en magnesio y tirosina. La tirosina es un “bloque de construcción” que el cuerpo convierte en dopamina. Alimentos como el pollo, las almendras, los plátanos, el chocolate, las verduras de hoja verde y el germen de trigo son conocidos por ayudar. Además, participar en actividades que nos hagan felices o relajados, como el ejercicio, la meditación, jugar con una mascota o leer, también puede aumentar los niveles de dopamina.
- Tratamientos médicos: Para condiciones más serias, existen tratamientos específicos. Por ejemplo, en el caso del Parkinson, el medicamento estrella es la levodopa, que al llegar al cerebro se transforma en dopamina, mejorando el control del movimiento. También existen medicamentos que actúan como “agonistas” (que imitan a la dopamina) o “antagonistas” (que la bloquean) para tratar diversas condiciones psiquiátricas y neurológicas.
Alejandro, al entender que su cuerpo buscaba ese “placer rápido”, comenzó a cambiar sus hábitos. Reemplazó el dulce con frutas ricas en tirosina y se obligó a volver al gimnasio. Aunque al principio fue difícil, la dopamina liberada por el ejercicio comenzó a reforzar comportamientos más saludables, devolviéndole la motivación y la felicidad sostenida que tanto había extrañado. La dopamina es poderosa: nos da placer, nos motiva y es esencial para el movimiento, pero debemos ser conscientes de su poder para dirigir nuestro enfoque hacia lo que realmente nos hace bien a largo plazo.
Bibliografía
García, J. A. M. (2022, 11 abril). Dopamina, el neurotransmisor que nos da la felicidad, pero también nos la quita. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-61067620
Professional, C. C. M. (2025b, marzo 19). Dopamine. Cleveland Clinic. https://my.clevelandclinic.org/health/articles/22581-dopamine
Dopamina | Cigna. (s. f.). https://www.cigna.com/es-us/knowledge-center/hw/dopamina-std16478



